Jardines de hotel en otoño (31/10/2011)

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Más que un jardín, un bosque privado con escondites mágicos, rincones románticos y caminos que se abren entre la espesura, alumbrados por farolillos, acompaña a Alfoz de Rondiella. Este otoño, podrás perderte en la finca de 7.000 metros cuadrados en la que se encuentra este hotelito familiar y acogedor del valle asturiano de San Jorge.

Un jardín de 1.000 metros cuadrados pulido de césped, rosales, eucaliptos, castaños de Indias y otros árboles centenarios de hoja caduca realza el carácter parisino del hotel AC Santo Mauro, instalado en un palacete de 1894 del barrio madrileño de Chamberí. Subrayada por el sonido del agua que nutre las fuentes, la tranquilidad que se vive en este jardín, diseñado por Ibáñez, resulta insólita en una zona tan céntrica y dinámica de Madrid. Tal vez por ese motivo Gwyneth Paltrow lo recomendara en su programa sobre gastronomía española para la televisión estadounidense, Spain on the road, como el lugar perfecto para disfrutar del mejor desayuno de España.

El hotel Torre del Remei está rodeado por un jardín de dos hectáreas diseñado por Manuel Colomines. Recorrer el paseo de los tilos, acercarse al lago de los nenúfares, descubrir las más de treinta especies que pueblan el jardín, o simplemente sentarse en un banco para ver cómo cambia el paisaje y cómo la cima del Puig de Saneja va cubriéndose de nieve, son algunas de las propuestas que los propietarios de Torre del Remei hacen a sus huéspedes. Además, en el jardín hay un huerto de frutales y hortalizas que merece la pena visitar.

Un romántico jardín rodea a la Pousada de Santa Marinha, instalada en el monasterio agustino del mismo nombre, del siglo XII. Los macizos de boj y camelias, los madroños, los tejos y los acebos dan la nota de color a la piedra del claustro y de las fuentes. Con más de treinta especies arbóreas catalogadas, el jardín invita a realizar una ruta botánica guiada de las que organiza la pousada cada sábado. En el siglo XVIII los monjes de la orden de San Jerónimo construyeron el lago en el que ahora nadan los peces y el canal de granito que atraviesa el bosque y suministra agua a la piscina de la pousada y a un antiguo molino de la finca. A un lado se encuentra una plantación de naranjos típica en los monasterios y quintas agrícolas portuguesas. Y, al otro lado de la cerca, el paisaje del Parque Nacional de Penha, con sus senderos flanqueados por castaños que se adentran en el bosque.

En la cara norte de la sierra de Cuera, el otoño colorea los arces, los robles y otros árboles autóctonos en tonos rojizos, dorados y amoratados. Los arbustos se cargan de bayas para tentar a los pájaros. El jardín del hotel El Habana presume de sus bellezas en estos meses. Sirio Sáinz, el propietario de esta típica casona asturiana lo sabe bien, pues recibe a diario a curiosos que se cuelan en su finca por la portilla del fondo y se hacen fotos bajo su pérgola. Mientras, los huéspedes pueden recoger castañas, avellanas y nueces durante su fin de semana en el Habana.

El incalculable valor del patrimonio vegetal de algunos jardines botánicos privados impulsó la creación de hoteles como la Casa de los Bates (Motril, Granada), que ocupa un palacete del siglo XIX acompañado por un jardín botánico del siglo XVI, declarado patrimonio artístico por la Junta de Andalucía.

Las lecciones de canalización del agua aprendidas de los árabes se siguen al pie de la letra en los jardines de hoteles como Barceló La Bobadilla (Loja, Granada), un complejo turístico semejante a un pueblo andaluz de arquitectura mudéjar, con un patio cuajado de naranjos, estanques, fuentes, arcos y celosías.

El Molino del Arco (Ronda, Málaga), con un espectacular jardín esbozado por tres arquitectos madrileños –Aleixandre, González Carretero y Sánchez Mora– vinculados al estudio de Miguel Fisac, que se nutre de un sistema de riego a manta evocador de la tradición botánica hispano-árabe.

Otro caso es el de El Jardín de Carrejo (Carrejo, Cantabria) que cuenta con un verdadero paraíso botánico pero acuático con 700 metros de caminos y puentes. Un riachuelo cruza su jardín de un extremo a otro, mientras que al fondo esperan varios estanques y criaderos de truchas.

Paco Rico y Teresa Dorn, de El Milano Real (Hoyos del Espino, Ávila), también acompañan su encantador hotel-restaurante con un jardincito refrescado por estanques y saltos de agua.

La opinión de
Fernando Gallardo

Fundador de notodohoteles.com

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