
El chalé rehabilitado hace olvidar que un día albergó a un restaurante y que a lo largo de su historia ha pasado por varias manos. Hoy alberga apenas cuatro habitaciones, amplias y luminosas, sin nombres ni números, como la casa del anfitrión. La madera y la forja compiten con el mobiliario, más bien clásico, de la época en que los marrones y granates difuminados estaban de moda. No falta luz en n...
