Carretera de Pedralba km 2,900 46191 Vilamarxant /Valencia (Valencia|España)
En el vergel valenciano de Villamarxant, Mª Ángeles Fuertes y su hija Sara gobiernan un hotelito con mucho encanto, todo rodeado de naranjos y buganvillas ensortijadas entre los muros. El paisaje es tan inherente a la personalidad del negocio que existe hasta un centro de interpretación de cítricos.
La propietaria quiso rehabilitar el lugar y empezó por la casa principal, remedo de hacienda mexicana con porche al pie de la piscina. Un patio alegrado por el agua de una fuente y sus acequias muestra el camino de las habitaciones, repartidas en dos plantas. Allí convergen la decoración ecléctica y un interiorismo efectista, fallero, de colores imposibles.
Sólo en la 105 cabe encontrar una tregua neutra entre tanta algarabía de papeles pintados y plateados. Las suites son otra cosa, desplegadas en unos edificios independientes repartidos por la parcela. El nuevo ofrece mayor rigor arquitectónico gracias a sus ventanales abiertos al naranjal y a los tonos neutros empleados en su decoración, donde la única alegría es una concesión particular del horizonte. ¡Qué espléndida geografía!
En otro anexo a la casa se encuentran el restaurante, el centro de negocios y un lujoso Orange-Spa o la revolución de los cítricos al servicio de la salud y la belleza. Las frutas cultivadas junto a sus instalaciones no sólo aportan color y aroma, son la base de los tratamientos desarrollados en el establecimiento. Un cóctel apetitoso exprimido directamente sobre la piel y los sentidos, ya sea en forma de baños, limpieza facial, hidratación, reafirmación o activación de la circulación. La cáscara de la naranja, el pomelo, o el azahar y los aceites esenciales de Ylang Ylang, del geranio y del romero son alguna de las herramientas naturales para activar y relajar. Mención especial merece sus citro-envolturas, de macadamia, lemongrass, limón, neroli, uva, leche y de vitaminas a base de melón y papaya, trigo tierno y aceites esenciales de Manuka y Lemongrass. Delicioso y original. Además, según el masaje elegido, la magia de Oriente -shiatsu-, Sudamérica -terapia de piedras- o la India -Ayurveda- parecerá más cercana.
¿Sabías que su Orange-Spa es uno los espacios termales recomendados por Notodohoteles? Entérate aquí.
dobles: 16, suites: 5, apartamentos: 6;
todas con
calefacción, aire acondicionado, camas kingsize, acceso a internet, linea ADSL, monitor plano de TV LCD/Plasma, TV satelite, mesa de trabajo, caja fuerte, minibar gratis, frutas de bienvenida, habitaciones no fumadores, albornoz, secador de pelo
Salida a las 17 horas, servicio 24 horas, garaje, jardín, piscina exterior, piscina climatizada, tenis, squash, salas de convenciones con capacidad para 150personas , gimnasio, sauna, Spa, salón de estar, business centre
bar cafetería, restaurante, restaurante al aire libre
servicio de canguro
algunas habitaciones adaptadas para discapacitados
RESTAURANTE EL CÀDEC NO-FUMADORES, ZONA HABILITADA PARA FUMADORES,
9 HABITACIONES PARA FUMADORES Y NO-FUMADORES
+ hoteles para fumadores
admitidas
Nunca.
Ángeles Fuertes Llopis
Tarjetas de crédito: AE, MC, V
IVA (7%) no incluido
En el vergel valenciano de Villamarxant, se inaugura en 2004 este complejo hotelero con carácter. La finca, exultante, recibe al cliente con el color de las buganvillas y la presencia de los naranjos. Tan inherente a su personalidad que hay hasta un centro de interpretación de cítricos. Mª Ángeles Fuertes quiso rehabilitar el lugar y empezó por la casa principal, remedo de hacienda mexicana con porche al pie de la piscina. Un patio alegrado por el agua de una fuente y sus acequias muestra el camino de las habitaciones, repartidas en dos plantas. Allí converge la decoración ecléctica con un interiorismo efectista, exagerado, manifestación fallera de colores imposibles. Difícil encontrar una tregua neutra, sólo en la 105, entre tanta algarabía de papeles pintados y plateados. Las suites requieren de edificios independientes repartidos por la parcela. En uno anexo a la gran casa, el restaurante, el centro de negocios y el lujoso spa: el Orange-Spa o la revolución de los cítricos al servicio de la salud y la belleza. Las frutas cultivadas junto a sus instalaciones no sólo aportan color y aroma, son la base de los tratamientos desarrollados en el establecimiento. Un cóctel apetitoso exprimido directamente sobre la piel y los sentidos, ya sea en forma de baños, limpieza facial, hidratación, reafirmación o activación de la circulación. La cáscara de la naranja, el pomelo, o el azahar y los aceites esenciales de Ylang Ylang, del geranio y del romero son alguna de las herramientas naturales para activar y relajar. Mención especial merece sus citro-envolturas, de macadamia, lemongrass, limón, neroli, uva, leche y de vitaminas a base de melón y papaya, trigo tierno y aceites esenciales de Manuka y Lemongrass. Delicioso y original. Además, según el masaje elegido, la magia de Oriente -shiatsu-, Sudamérica -terapia de piedras- o la India -Ayurveda- parecerá más cercana.
Fin de semana extraordinario, relajante y que te permite olvidar el estrés acumulado. Las habitaciones son espectaculares y las vistas al mismo nivel. El ambiente silencioso, los pájaros, el sonido "arabesco" del agua en el patio central, el spa y el buen trato del personal, hacen difícil olvidar el fin de semana. El nivel de restaurante es óptimo y resaltar la tranquilidad de un buen desayuno en un marco incomparable, rodeado de naturaleza.
En dos noches de alojamiento, lo mejor fue ese maravilloso spa que cuidan con profesionales muy cualificados. Nos atendió la responsable con mucho cariño y profesionalidad, por no hablar de sus manos... A mi mujer le atendió un chico que tambien le gustó mucho. La comida en el restaurante no estuvo mal, quizá un poco floja su calidad. El trato en recepción fue muy bueno y la gente me pareció muy maja.
Todo bastante bonito, pero las sillas del restaurante son un poco incómodas. En las habitaciones hay que encender el grifo cinco minutos antes como mínimo para que salga el agua caliente.
Nunca he disfrutado más de unos días de vacaciones como los que he pasado en Mas de Canicattí. Tiene una decoración exquisita, elegante y moderna. El spa es una gozada y el restaurante, impresionante. Tanto la comida como el jefe de sala y sus colaboradores (gente muy preparada) nos dieron un trato muy especial. Por supuesto, hay tenis, pádel y ping pong. Lo mejor es el silencio, y la posibilidad de tener animales. Los gatos no molestan en absoluto y hay un perro supergracioso y simpático en el hotel. Lo que menos me ha gustado ha sido la falta de información y atención por parte de la gente de recepción, a los que se les ve aún bastante cortos. Tendrían que informarte de todo a la llegada al hotel, accesos a las diferentes zonas de ocio, restaurante, coste extra de todo lo que no está incluido en el alojamiento. Aún con esta pega, nos lo pasamos genial.
Me parece el lugar más fantástico de todos los que he estado. Sus estancias, el trato, el spa… Qué se puede esperar de un lugar rodeado de montaña y arboleda de muchas hectáreas en medio de la naturaleza donde uno se siente libre. Los gatos no molestan a los clientes.