
Sin desentonar con la estética de la plaza mayor, más sobria que barroca, más medieval que otra cosa, como corresponde a la villa de Cretas, este edificio de principios del siglo XVIII quiere hacerse un hueco en la nutrida oferta hospedera de la comarca del Matarraña. Dos plantas más una buhardilla dividida en dos estancias, dan para 12 habitaciones bautizadas con nombres alusivos al patrimonio, a...