Carretera N-340 km 1059 43144 Alcanar /Tarragona (Cataluña|España)
Como bien indica su catalana etiqueta, esta casa señorial se encierra tras un muro de casi un kilómetro de perímetro. Una casa blanca impoluta de cubierta plana preside la vasta finca de naranjos, en una extensión que por poco roza las orillas de una solitaria playita. Hay que remontarse a la segunda mitad del siglo XIX para evocar los tiempos de brillo y fulgor de la que fue residencia de verano del rey Alfonso XII. De las pinturas y pianos extraordinarios poco quedaba cuando el arquitecto Ángel Llasera acometió la reconstrucción de una vivienda depauperada hace bien poco tiempo. El esfuerzo valió la pena y se sirvió de la sencillez para dotar a los interiores de un ambiente acogedor y elegante. Las estancias reiteran desde su amplitud una propuesta de líneas puras, contemporáneas, iluminadas por su blancura y por la luz que irrumpe a través de las terrazas. Minimalismo que acerca la belleza a la funcionalidad.
dobles: 4, dobles especiales: 3, triples: 4, junior suites: 1, suites: 3, apartamentos: 3, bungalos: 2;
todas con
calefacción, aire acondicionado, TV satelite, mesa de trabajo, caja fuerte, minibar gratis, habitaciones no fumadores, albornoz, secador de pelo
jardín, piscina exterior, salas de convenciones con capacidad para 30personas , sauna-ducha, salón de estar, salón de billar
algunas habitaciones adaptadas para discapacitados
Del 1 al 30 de noviembre de 2010.
Ángel Llasera
Tarjetas de crédito: AE, EC, MC, V
IVA (7%) no incluido
Éstos son los pros y contras que hemos encontrado este verano:
PROS. Las instalaciones -césped, piscina y exteriores- estaban muy bien cuidadas. El parking de coches, a la sombra. Las bicicletas, disponibles en cualquier momento. Una playa súper tranquila (aunque de piedra) a 200 metros. Estuvimos en una habitación doble estándar y la terraza era tan grande como la habitación.
CONTRAS. En las habitaciones no hay mucha limpieza que digamos. La terraza tenía unas cuantas telas de araña con sus correspondientes inquilinos. Y el lavabo no olía muy bien... El servicio es muy escaso, pues casi nunca había nadie en recepción. En el restaurante, nada barato por cierto, el primer día para cenar estuvimos esperando 45 minutos para dos platos de la carta, y sólo había tres mesas más... Otro día nos sentamos en el restaurante y, a continuación, vino la familia del dueño a cenar, por lo que no nos sirvieron hasta que las seis personas que lo acompañaban estuvieron servidas. El desayuno resultó muy escaso para los 15 euros por persona que cuesta. La wifi es inexistente en las habitaciones y en algunas zonas del hotel.
El hotel es barato para lo que da.
El trato del personal hacia la clientela es cálido y atento. Las instalaciones son fantásticas y no nos han negado ni un favor, ya que hemos tenido al niño malito. Nos acompañaron al centro de salud más cercano.
He pasado dos días con mi mujer en este hotelito, en principio con encanto. Es el típico hotel de quiero pero no puedo o no alcanzo. El servicio pésimo (ruidoso, poco respetuoso y no extremadamente limpio). De la cocina mejor no hablar. El desayuno es ridículo para los 12 euros que cuesta. La habitación con terraza estaba amueblada con muebles de Ikea, como casi el resto del hotel.






(Estas ventajas están sujetas a la disponibilidad del hotel)
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