
Convulsa y más que tozuda ha sido la historia de esta fortaleza, varias veces devastada por el fuego. Carlos III el Noble quiso tener en ella su retiro mortuorio, entre los palacios y casonas que gobernaban las huertas del río Cidacos, escenario de aquellas guerras que enfrentaron sucesivamente a agramonteses y beamonteses por el trono de Navarra. Gracias al espíritu arqueológico de los paradores ...