Lugar Partido de los Frontones s/n 29400 Ronda /Málaga (Andalucía|España)
Desde los aledaños de la serranía rondeña, la perspectiva juega a tula con el sol del cielo. La familia Clavero y Fernández de Córdova quiere demostrar en este cortijo de proporciones y virtudes deslumbrantes, a lo largo y ancho de 60 hectáreas de olivar, cuánto de bueno hay en la recuperación del patrimonio nobiliario y qué provecho se obtiene del turismo rural cuando no se le caen los anillos por trabajar de la hospitalidad.
A sólo 8 kilómetros de Ronda, la historia instaló sus raíces con el despuntar del siglo XVIII en sus cuatro patios, en su molino de aceite, en sus graneros y en sus cuadras. En las tareas de restauración intervino la mano del arquitecto local Pedro Enrique Santos Buendía, conocido por haber impulsado aquí en su día la Posada Real. El desenlace arrojó, entre otras gracias, esos juegos de luces y sombras dibujados sobre las superficies o el aprovechamiento del trazado geométrico de tejados y paredes.
Tres jóvenes paisajistas requirieron al arquitecto ya desaparecido Miguel Fisac para que les ayudase en el diseño de los 10.000 metros cuadrados de jardín con que cuenta hoy la propiedad. El resultado revela lo obvio del acierto. Un perfume árabe rezuma de los olivos y los frutales, regada según dicta la tradición.
Enemigo de los envites de la canícula, el cortijo distribuye hasta tres piscinas y acondiciona la sombra del interior en frescos y elegantes salones y en un comedor donde dar buena cuenta de las recetas de David Fernández.
Lejos de la encerrona austera de tantos locales campestres, las habitaciones presumen de espacio, diseño y tecnología. La nueva hotelería con encanto. Las referencias de Manzanillo, Vidueño o Acebuche sirven de bautismo a cada estancia y no desentonan con la obra gráfica de autores como Canales o Amadeo Gabino. Hábil contraste entre cabeceros y armarios de otra época y golosinas como el acceso wi fi, valedor de esta época que nos ha tocado vivir.
Un hotel como el Molino del Arco merece un poco más de tu tiempo. Pincha en la Crítica de Fernando Gallardo y aprende.
individuales: 21, dobles: 7, dobles especiales: 6, triples: 21, junior suites: 6, suites: 2;
todas con
calefacción, aire acondicionado, camas kingsize, TV interactiva, monitor plano de TV LCD/Plasma, TV satelite, mesa de trabajo, habitaciones no fumadores, carta almohadas, albornoz, secador de pelo
jardín, piscina exterior, zona WIFI, salas de convenciones con capacidad para 25personas , salón de estar, chimenea
bar cafetería, restaurante, restaurante al aire libre
servicio de canguro
De noviembre a marzo.
Carien Rayner
Uno de los elementos fundamentales del encanto del hotelito rondeño Molino del Arco es su jardín. Los arquitectos madrileños Aleixandre, González Carretero y Sánchez Mora se ocuparon de esbozar el primoroso espectáculo de sus 10.000 metros cuadrados de olivares y frutales alimentados por un sistema de riego deudor de la tradición botánica hispano-árabe, practicada en ese momento por el estudio del desaparecido arquitecto, urbanista y pintor Miguel Fisac.
Cuesta llegar, pero el sinuoso camino compartido con otra de las referencias hoteleras de la comarca, la Fuente de la Higuera, logra desembocar gracias a una eficaz señalización en la finca de los Clavero y Fernández de Córdova. Su antiguo molino familiar revive sobre el paisaje montañoso de Ronda los tiempos de quietud y contemplación extasiada, aislado y magnífico, aunque convierte el rancio apego al pasado momificado en una suerte de nuevo estilo rural, más aireado y saludable.
La comprometida rehabilitación emprendida en parte por el arquitecto Pedro Enrique Santos Buendía, como la mostrada ya en su Posada Real y en tantas otras acciones satisfactorias, reverdeció dinteles, diseñó alternancias de luz y sombra, ventiló espacios ahogados y encaló pared por pared.
La visión de paraíso andaluz restalla impoluta por la acción de la fórmula infalible: blancura casi estridente en los muros, contrastada con el dibujo dinámico de los prismas entejados de las cubiertas y color perfumado en parterres y jardines. Creación de Aleixandre, González Carretero y Sánchez Mora, los 10.000 metros cuadrados de inspiración árabe hablan por sí mismos del primor de un cortijo alabado también por olivos, árboles frutales y campos de trigo. Un sistema de riego a manta remite a la sabiduría botánica hispano-árabe. Otro cantar resuena bajo techo, siempre sencillo y alegre pero en contacto con la coyuntura actual.
Detalles y atenciones, desvelos llevados hasta el comedor, donde las cenas se alimentan de los manejos culinarios de David Fernández, servidas sobre un delicado ajuar y con música de fondo. Hasta las sillas responden con su comodidad a los propósitos conjugados con tacto y mesura por los propietarios. ¿Profesionalidad? Algo más.
Su modus operandi de cultura y sensibilidad aplicadas al negocio hotelero avanza un paso más en las 16 habitaciones. Un brío especial envuelve al carácter rústico de las alcobas, todas diferentes y diferenciadas desde su entrada por alguna de las acciones desarrolladas antaño en las antiguas dependencias agrícolas. Así, Acebuche, Manzanillo, Rojal, Malteño, Vidueño o Farga responden a parte del catálogo de coquetería rural redefinido por la presencia de nuevas propuestas. Así, donde cabe un recio cabecero no parece oponerse el grafismo de los aguafuertes de Canales o Amadeo Gabino.
Más alevosía han reunido en la gran suite, con una entrada exclusiva, una piscina privada, un comedor, dos terrazas, un patio y tres dormitorios con sus tres cuartos de baño. Hasta un servicio de mayordomo propio. Cuando se acierta, se acierta.
El respetuoso trabajo de restauración. Su jardín delicioso. El empeño de los propietarios y su sentido de la hospitalidad.
Todas, aunque si se habla de lujo rural hay que mencionar la suite principal, aislada del resto con piscina privada, servicio de mayordomo y tres alcobas que se pueden ampliar a dos habitaciones más.
Cenar sin moverse del hotel.
La misma Ronda, sin ir más allá de su serranía. Murallas y alminares, baños árabes o iglesias de estilos diversos, el Puente como símbolo de la ciudad y su entorno, entre la garganta abrupta que muere en el Guadalevín. Y su plaza de toros, la más antigua de España, cuna de la escuela rondeña.
Situado a 8 km. de Ronda, en la serranía del mismo nombre, se encuentra la finca "El Molino del Arco", cuya casa cortijo se ha habilitado como hotel.
La edificación original, construida en el primer tercio del s. XVIII, constaba de cuatro patios, molino de aceite, y varias viviendas y dependencias propias de las labores agrícolas, tales como graneros, cuadras, vaquerías, cocina de matanza, etc.
Actualmente, todas estas instalaciones se han convertido en un magnífico hotel de 16 habitaciones que combina las comodidades propias de nuestro siglo, con el encanto de una antigua casa de campo rodeada de un maravilloso entorno.
Amueblado con exquisito gusto, y perfectamente atendido por un personal de gran profesionalidad, es un lugar ideal para pasar unos días de vacaciones y descanso en el corazón de Andalucía, a 10 minutos de la bellísima y antigua ciudad de Ronda.