Calle Corcho 26 28751 La Cabrera /Madrid (Madrid|España)
Frente al Pico de la Miel, los apartamentos forman una galería en un ala separada del edificio principal. Sara de Ur, la mujer bíblica de Abraham, es un parpadeo de los sentidos. El jardín, ni muy pequeño ni muy grande, acoge algunos chopos, una mesa de teca con sus sillas y una garita de piedra con pantocrator en su interior.
Si deseas más información, mira lo que nuestro crítico de hoteles, Fernando Gallardo, opina sobre este hotel.
dobles: 7, dobles especiales: 1, suites: 1, apartamentos: 5;
todas con
calefacción, acceso a internet, linea ADSL, Tv color, mesa de trabajo, caja fuerte, minibar de pago, plancha, frutas de bienvenida, secador de pelo
jardín, piscina exterior, salas de convenciones con capacidad para 40personas , salón de estar, chimenea
bar cafetería, restaurante, restaurante al aire libre
admitidas
Sólo en apartamentos.
24 y 25 de diciembre.
Mª Jesús Sanz
Tarjetas de crédito: MC, V, 6000
Impuestos incluidos
El hotel, sin la debida señalización, se encuentra tomando como referencia el camping Pico de la Miel, un lugar algo apartado del pueblo de La Cabrera, al norte de Madrid, pero no tanto como para no tener la puerta del restaurante abierta a una de las calles periféricas.
Los apartamentos forman una galería en un ala separada del edificio principal. No exhibe la decoración tan lograda como en éste y la ubicación del cuarto de baño en la planta baja (son dúplex) hace incómoda la estancia a personas entradas en edad, pero regala más espacio a sus ocupantes y el aliciente de una cocina con todo lo necesario para asegurarse varios días de aislamiento.
El aire lleva una extraña comunión de trinos de mirlos y gorriones, y el zumbido sordo de fondo de la autopista próxima.
Sara de Ur es un parpadeo de ojos, un guiño para los sentidos, también un fuego de artificio como aquellos a los que ponía música Haendel.
Agradable el jardín, ni muy pequeño ni muy grande, es el espacio justo para que quepan algunos chopos, una mesa de teca con sus sillas y una garita de piedra con pantocrator en su interior que mira no se sabe qué. Arriates de salvia y madreselva.
A veces, como dice su dueño, el jardín se vuelve fresa, berenjena o azul prusia. Salón de estar muy agradable, amueblado con un juego de café antiguo, de cerezo tintado, un especiero, cuadros grabados, máscaras, relieves y bustos.
El restaurante está en un edificio anexo y ofrece una decoración aún más exigente que el resto.
Ribca, Albimelek, en la fachada frontal con las mejores vistas al jardín. Nofret, con vistas a la Pedriza. Las habitaciones le toman el gusto a los colores: teja, verdes laurel, añil. Lámparas de papel con pintas multicolores. Azul en la grifería, verde esmeralda en los soportes del tocador. Suelos de terrazo y madera de pino en la crucería de los techos. Seriedad y buen gusto. Empezando por el folleto a todo lujo de cuatricromía que se obsequia en la habitación: "Mundus est Fabula", que escribió Descartes.
A la sierra madrileña, desde todos los apartamentos.
En el restaurante Gaudium, del propio hotel. Arroz meloso con bogavante, huevos rotos con morcilla de piñón, solomillo de ciervo con salsa de Oporto o conejo relleno de boletus con salsa de trufa. Precio medio: 27 euros.
La Cabrera es punto de arranque (base) de tradicionales excursiones de madrileños a la Pedriza, en el curso alto del Manzanares. Aunque en los últimos años ha surgido con fuerza el turismo rural en la sierra Norte.