
Uno de los esquinazos de la Cuesta de Santo Domingo es ocupado por un edificio de ladrillo perforado por una cuadrícula de ventanas que revelan un detalle: no hay balcones, no hay formas monumentales, no hay arquitectura palaciega ni barroca. Estamos en el barrio de los Austrias, pero este hotel es moderno, al menos más que el resto de ejemplares castizos de los que se rodea, entre el mapa formado por el Palacio Real, la Puerta del Sol y el teatro de la Ópera...

