
El espectáculo está ahí fuera. Así lo parece, visto lo visto en la insípida interpretación arquitectónica que el arquitecto José María Aguilar invocó en la residencia de la viuda del general Prim en 1883. Entre las marquesinas y las copas de los árboles, apenas luce la fachada, por lo que mejor es posicionarse desde dentro y asistir al desenfrenado latido de la Puerta de Alcalá. Para hacerlo habrá...
