
Gracias a su particular estilo arquitectónico y a sus espectaculares vistas sobre el océano, casi parece una isla dentro de otra. Encaramado en un promontorio rocoso a 20 minutos en coche de Funchal, el hotel presume de su condición de vigía bajo el arco diurno que recorre el sol. Frente al Atlántico se sitúan las mesas del comedor, un paralelepípedo de vidrio concebido por el arquitecto Tiago Oli...