
El orgullo hotelero de la isla se gesta gracias a establecimientos como estos. La tradición del lugar cuenta la llegada en 1836 de un joven escocés de nombre William Reid. Cómo un hombre sin blanca se convirtió medio siglo después en padrino de un referente del lujo y la distinción como el palacio que lleva su nombre, no viene al caso. Lo que si merece un inciso es el famoseo de otra época, de muy...