Calle Gonçalo Durão 1200-290 Lisboa (Lisboa|Portugal)
Ocupa el privilegiado espacio del antiguo edificio histórico Armazéns do Chiado, concretamente sus plantas superiores. Privilegiado también por formar parte del distrito comercial e intelectual más antiguo de Lisboa, de ahí el nombre del establecimiento, al que llegan los turistas siguiendo el rastro de sus prestigiosas tiendas, su teatro y sus fachadas tradicionales. Si de entre ellas se traspasa la del Regency Chiado, se comprobará la afición a los elementos orientales y coloniales portugueses, combinados con una estética moderna.
Este abrazo cultural aplicado a los espacios bien merece una alusión a sus creadores: Siza Vieira, responsable de la innovadora propuesta arquitectónica y artífice de la reconstrucción del barrio; Pedro Espirito Santo al frente del trabajo decorativo.
Las habitaciones miran por las demandas del hombre de negocios y acumulan facilidades tecnológicas. Tantas como aptitudes confortables.
De los escritorios y las conexiones a internet al descanso en la sala de estar o el placer culinario en el bar restaurante Entretanto. Inmejorables vistas a la ciudad desde la terraza de la azotea. Ahí siguen la grandeza del Tajo, el Castelo de São Jorge o la catedral románica. Para no perdérselos.
dobles: 38, junior suites: 1, suites: 1;
todas con
aire acondicionado, Tv color, mesa de trabajo, caja fuerte, minibar de pago, habitaciones no fumadores, albornoz, secador de pelo
garaje, sauna-ducha, salón de estar, transporte al aeropuerto
bar cafetería
Nunca.
João Freitas
La decoración influenciada por los principios del Feng Shui parece querer alejar las energías negativas del terremoto de 1755 y del incendio del Chiado. Cada pieza fue colocada en su disposición adecuada, para canalizar la fluidez de un ambiente zen. En el bar restaurante, biombos japoneses rompen con la sobriedad, donde ocres rojizos y verdes intensos se entremezclan entre lo nuevo y lo antiguo. Una cristalera de siete metros de altura por tres de ancho compone el eje de toda la pared, mirando a oriente, e introduce la postal de Lisboa dentro del bar. Detrás de la puerta lateral está la terraza, colgante sobre la ciudad: desde las ruinas de Carmo, por el Castelo de São Jorge, el arco de la Rua Augusta, las cúpulas de las iglesias... Flanquea la zona un discreto y coqueto jardín. El restaurante se presenta como una plataforma abierta por encima del bar, al que se accede por medio de una escalinata girada hacia la ventana, como manda la tradición decorativa oriental.
Lo único que tiene bueno es la situación. Lo veo caro (más de 200 euros la noche) para lo que ofrece en habitación estándar: el aire acondicionado brilla por su ausencia (mucho ruido y nada más), la ventana sólo se puede abrir un poquito y como está encajonada tampoco entra nada de fresco por la noche. No tuve secador de pelo en mi cuartio de baño. Si querías una habitación mejor había que pagar 60 euros más por noche.





(Estas ventajas están sujetas a la disponibilidad del hotel)
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