
Un recóndito pueblecito blanco llamado Santa Inés de la Corona. Una finca sembrada de olivos y árboles frutales. Una casa típica ibicenca desafiando las prisas del siglo XXI con su calma detenida sobre un acantilado. El viajero hallará aquí un punto y aparte, pero sin grandilocuencias innecesarias. El servicio atento de sus propietarios, los matices orientales aplicados al rústico mundo de las hab...