Calle Única 1 22372 San Martín de Solana /Huesca (Aragón|España)
La majestuosidad orográfica de los parajes de la Huesca pirenaica merece darse el gustazo de incluir altos en el camino tan gratificantes como éste. 1.000 años de historia contemplan la finca de San Martín, una antigua propiedad del abad de San Victorian, el monasterio más antiguo de España.
Hasta 92 hectáreas de pinos y robles dominadas sobre un promontorio desde una casa centenaria, vigía imponente del valle y de las montañas. Sacada a flote por el británico David Robinson y por el brasileño Mario Reis, esta quilla de buque terrestre se sostiene en piedra oscura y madera para dejar paso a un recital de acogedor interiorismo triunfante desde la improvisación.
Dos salones, uno en cada planta, exhiben el rusticismo alegre de la viguería vista, la cantería desnuda, el mobiliario de madera y el calor de las chimeneas.
De las alcobas, cada una nombrada por alguna flor, destaca su amplitud, en especial la conseguida en unos cuartos de baños de gran carácter, encastrados en madera. Por lo demás, colores intensos en las paredes, telas estampadas, cabeceros de forja, abrigo nórdico en las camas, muebles de teka en las solanas, fenomenales vistas y confort montañés.
Y en cuanto al buen yantar, no perderse el suculento ternasco del valle en el antiguo pajar, un vistoso comedor muy detallista.
Pero si te ha sabido a poco, da buena cuenta de algo tan nutritivo como la Crítica de Fernando Gallardo. Ni engorda ni empalaga.
dobles: 4, dobles especiales: 4, junior suites: 1;
todas con
calefacción, camas kingsize, radio, habitaciones no fumadores, secador de pelo
jardín, salas de convenciones con capacidad para 20personas , salón de estar
bar cafetería, restaurante
Consultar.
Mario Reis y David Robinson
A un paso del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, a uno más del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, David Robinson y Mario Reis, británico y brasileño, decidieron darle la vuelta a esta antigua casa de labranza. Con el bagaje histórico de una finca anclada en tiempos inmemoriales que la relaciona con el decano de los cenobios españoles y con el espectacular entorno de precipicios, bosques y montañas como aliado, acometieron una reforma tan acertada como ardua.
La construcción, de cimientos del siglo XVIII, había que embellecerla con losas de piedra en la cubierta a dos aguas, canalones de cobre, forja nueva en las manijas de hierro sin pintar y vieja en la escalera original. El tiempo apacible exige aventura en los alrededores o relax si queda libre alguna tumbona de madera. Con la llegada de la noche, y más en época de nieves, las chimeneas del interior funcionan a toda máquina y apetece coger postura en el saloncito de lectura o en la terraza cubierta.
Ocho habitaciones se distribuyen en las dos plantas superiores del edificio principal, mientras otras dos disfrutan de una entrada privada en la cabaña anexa. Adelfa, Clavel, Begonia, poco importa ya que todas cuentan con estilo común aunque con acabados personalizados. Vocación rústica beneficiada por las generosas proporciones de las estancias y de sus cuartos de baño, la mayoría con bañera desde la que abordar el paisaje.
El fin del recorrido una vez traspasado el señorial hall se completa con el salón-bar y con el comedor, un antiguo pajar presidido por una gran chimenea y alegrado por un ventanal abierto a la floresta. El mimo con el que se dispone el coqueto ornato de cada mesa, con velas y flores frescas, es comparable al invertido en los platos regionales y de cocina internacional, regados por vinos locales del Somontano.
Qué difícil es encontrar sitios así: buena comida, bonitas y cómodas habitaciones, un servicio perfecto atento al más minimo detalle, un entorno espectacular y esa sensacion nada más llegar de que estás en casa de amigos. He recorrido muchos países, dormido en bastantes hoteles y muy pocos sitios están a tal altura. Felicidades a David (y a su madre), a Mario y André, de parte de Sonia y Pedro y un besito de Zoe. Un último detalle: no hay televisión y lo que es más fuerte: no se echa de menos.











(Estas ventajas están sujetas a la disponibilidad del hotel)
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