Calle Vico 11 22640 Sallent de Gállego /Huesca (Aragón|España)
Mariano Martín y su mujer, María José Zandundo, consiguieron transformar, después de mucho esfuerzo, unas caballerizas del siglo XVIII en un hotelito de montaña de lo más acogedor, junto a la estación de esquí de Formigal y en pleno valle pirenaico de Tena. Los propietarios brindan a sus huéspedes una cordial bienvenida y orgullosos, enseñan hasta el último rincón de la casa.
Nada más entrar, el trillo del recibidor y una mesita cubierta con un tapete de hilo de los de antes, ayudan a hacerse una idea de la línea decorativa predominante: un estilo rústico protagonizado por muebles, puertas y otras antigüedades restauradas con mimo por María José.
Enteladas con la ayuda de la interiorista Carmina Sanz, las estancias invitan al recogimiento. Y aunque el amor sea ciego, los enamorados podrán encerrarse en ellas para contemplar las montañas tras los cristales.
Descubre en la Crítica de Fernando Gallardo el resto de detalles de uno de los hotelitos con mayor encanto de todo el Pirineo aragonés.
Más información sobre este proyecto hotelero familiar contada en primera persona en la entrevista de Notodohoteles a Mariano Martín de Cáceres.
dobles: 10;
todas con
calefacción, acceso a internet, linea ADSL, ordenador personal, TV satelite, TV Canal Plus, caja fuerte, minibar de pago, habitaciones no fumadores, carta almohadas, secador de pelo
garaje, guardaesquis, salas de convenciones con capacidad para 45personas
bar cafetería, restaurante
servicio de canguro
Nunca.
Mariano Martín
Tarjetas de crédito: AE, DC, EC, MC, V, 6000
IVA (8%) no incluido
Decoración coqueta, atmósfera confortable y, sobre todo, la personalidad de sus propietarios, verdaderos amigos de los huéspedes. Y una mención muy sentida hacia Nati, que redondea con su amabilidad y simpatía el servicio del hotel.
El televisor de las habitaciones cuelga de la pared, sostenido por una peana. Dada la angostura de las alcobas, no queda más remedio. Pero, a la vista, no causa una impresión muy elegante que digamos.
Cualquiera, pero muy especialmente la buhardilla del ala nueva, donde se aprecian las mejores vistas sobre el valle y, en su pequeñez, se acunan los deseos más románticos.
A la montaña, con el pico Foratata a sus espaldas.
Cocina de la tierra en el propio comedor del hotel, habilitado en las antiguas cuadras, bajo las habitaciones.
Embalse de Lanuza, estaciones de Formigal y Panticosa.
Esquí en Formigal y Panticosa. Actividades náuticas en los embalses próximos a Sallent. Barranquismo en el Gorgol, en los aledaños al parque nacional de Ordesa y la sierra de Guara, guiados por Benito (contactar con él desde el hotel). En julio, festival de música étnica Pirineos Sur.
Situado en la villa de Sallent, de antiguas casas de piedra y junto al embalse de Lanuza, el Almud es una base de partida excelente para recorrer una de las zonas más bellas de nuestro pirineo.
Tras una ardua labor se ha conseguido transformar unas antiguas caballerizas del siglo XVIII en una confortable residencia de montaña.
Once dormitorios entelados distribuidos en dos pisos con baño, TV color, minibar, teléfono, caja fuerte, hilo musical, y con una decoración diferente en cada uno de ellos dan la medida justa para un ambiente confortable e íntimo. Camas con dosel, elegantes colchas y cortinajes, muebles de época, y todo el cariño dan forma a un ambiente acogedor creado con el único fin de que el huésped se sienta a gusto.
Nosotros hemos estado alojados 5 días en febrero en una habitación con cama de matrimonio y cuna, y es verdad que se quedaba algo pequeña, pero muy coqueta. El hotel es precioso, como en las fotos, y el servicio más que correcto y muy discreto. En cuanto al desayuno, es verdad que no es muy variado, pero los cruasanes y ensaimadas que hace Mariano son impresionantes, más vale calidad que cantidad. Cenamos un par de noches, la cocina casera es sencillamente espectacular. El entorno es precioso, me encantó el paisaje de la Vall d'Ossau (Francia), a un paso.
Hotel encantador. Las habitaciones son preciosas, decoradas con un gusto exquisito. Los dueños, amables y discretos, dispuestos siempre a servirte. El entorno maravillloso, el pueblo inigualable. Pensamos volver a Sallent de Gállego y al Almud tan pronto como podamos. Una estancia romántico donde las haya.
El entorno es muy tranquilo y las habitaciones, muy acogedoras. Pequeñas, salvo las especiales, fruto de una posterior ampliación. El trato es cordial y personal. La relación calidad-precio para la zona es buena. Hemos estado en cuatro ocasiones y segiremos volviendo.
Desde que este hotel suprimió el bar y convirtió la antigua cuadra en un flamante restaurante, me he animado a ir todos los inviernos. Espero que esta temporada se organice desde el Almud un servicio de furgoneta a pistas, que si no da un poco de pereza subir hasta Formigal. A veces yo he bajado a Panticosa por no meterme en el mogollón de Formigal. También he oído que la estación se ha ampliado mucho este año. ¿Es verdad?