
Hondarribia necesitaba un hotel que capitaneara la oferta creativa y de vanguardia a este lado de las vascongadas. Sobre las laderas del frondoso monte Jaizkibel, un paralepípedo ideado en hormigón y en madera de iroco por la ingeniosa mente de Ángel de la Hoz, cambia de tonalidad a medida que el día y la estación transcurre. Del caramelo tostado a la miel, la fachada se mimetiza con los castaños ...