
Al borde de un barranco con unas subyugantes vistas sobre la vega del Marqués, cuelga un edificio de líneas puras y detalles refinados, con cubierta de pizarra, paredes enfoscadas y cristaleras diáfanas. Sus interiores exhiben una decoración sobria, aunque elegante. Pequeñas y ciertamente austeras, las habitaciones sorprenden por los originales cabeceros de sus camas, elaborados a parti...