Avenida Mas Les Cols 2 17800 Olot /Girona (Cataluña|España)
Hay que verlo para creerlo. Mejor vivirlo, claro está. Al restaurante negro y dorado, de acero y cristal, con una estrella Michelin, se le añadieron cinco pabellones diseñados por el estudio RCR (Aranda Pigem Vilalta). Un proyecto expuesto en el MOMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York) con la mejor arquitectura española del momento. Arquitectura de cristal irisada de reflejos, reflexiones y refracciones. Según la hora del día, un color. O muchos. Una textura. O muchas. Ángulos, prismas, tangentes, secantes, hipotenusas. La trigonometría al servicio de la buena vida.
Cinco pabellones de cristal que parecen levitar sobre un lecho volcánico inspirado en el paisaje de La Garrotxa, y que evocan, por su inmaterialidad o descoyuntamiento espacial, el minimalismo zen de la arquitectura tradicional japonesa.
Imposible no pasmarse ante semejante escenario de cañas y lava, de interminables pasarelas metálicas, de la prominente empalizada que atrinchera con láminas verdiazules de vidrio y butirol cada uno de los engawas (patios interiores). Sobre las cabezas, el cielo abierto. Y en el cuarto de baño, una pila sin grifo pero con agua incesante y una ducha diferente, con un lecho de cantos rodados.
Afrontar esta increíble experiencia requiere una liturgia previa de carácter iniciático por parte de la joven propietaria. Judit Planella recibe al viajero en un umbráculo ritual apenas amueblado con un aparador de chapa negro, sobre el cual residen seis coles (les cols) y una docena de velas encendidas. En esa atmósfera leve, purificante, Judit instruye a su huésped en el orden doméstico de los pabellones, el código de acceso al hotel, los horarios del servicio y la mística que preside el primer encuentro, la primera noche fuera y dentro.
Un lenguaje desprovisto de pieles superfluas en diálogo con la naturaleza, toda una experiencia. Matrix rural, sí. No hay discusión posible: es un hotel único en el mundo..
dobles: 5;
todas con
calefacción, aire acondicionado, camas kingsize, minibar gratis, albornoz, secador de pelo
jardín, transporte al aeropuerto, transporte a las pista de esquí
Del 1 al 21 de enero de 2011.
Judit Planella
Tarjetas de crédito: AE, EC, MC, V
IVA (7%) no incluido
Cada pabellón responde al mismo planteamiento, que por su espíritu revolucionario merece recomendación por igual.
Las vistas desde los pabellones acristalados son diferentes a las de cualquier otro alojamiento. Como no son aposentos convencionales, no están diseñados para ver lo que hay fuera sino para que lo de fuera entre en la habitación. A cielo abierto, sol y estrellas, iluminación constante a lo largo del día. ¡Qué mejor observatorio!
En el restaurante de Les Cols, por supuesto. Por su impactante diseño, confiado al estudio de arquitectos RCR, y por su no menos sugerente cocina, estrella Michelín incluida.
Sin salir de Olot se puede admirar algunas de las obras también diseñadas por el equipo Aranda, Pigem y Vilalta, oriundos de la población: el estadio de atletismo, dentro del área recreativa Tussols Basil, que se completa con el Pabellón del Baño. También la Casa Roser, la Casa Mirador, la casa M-Lidia, en Montagut; y la sorprendente guardería de Manlleu.
Judit proporciona la información necesaria para manejarse en las excursiones por las sendas volcánicas. Al salir el huésped, le hace entrega de una mochila con víveres para emprender la excursión en torno a la comarca.
Único. Maravilloso. Aquí todos los sentidos se ponen en marcha para disfrutar de la experiencia. El tiempo se percibe de una manera diferente. Judit, un 10.
Un trato y un servicio impecables, desde Judit hasta el último trabajado. Fue un fin de semana inolvidable en paz, descanso y tranquilidad.
De los pabellones dos palabras: especiales y únicos. Hay que vivirlos.
En verdad, ha sido una experiancia fantástica. Casi no nos lo podíamos creer. Parecía que estuviéramos flotando en el aire de los pabellones, todo invisible, todo reflectante. Estuvimos en silencio toda la noche, como en una especie de meditación trascendental. Y lo mejor de todo es la delicadeza de que hace gala su joven propietaria. Nos explicó cómo funcionaba todo sin que se le notase el orgullo de tener un hotel único.
De clara influencia japonesa, los pabellones te transportan a otro planeta de transparencias, velos y sensaciones olividadas. Por la noche, la propietaria te hace la cama y te pone unas velas en el suelo. Ni en una película… Hay que volver para vivir una experiencia así.