Largo Conde de Vila Flor 7000-804 Évora (Alentejo|Portugal)
Sobre el ruinoso castillo de la ciudad se levantó en 1485 el convento consagrado a San Juan Evangelista. El águila que lo representa preside aún la fachada. Primero como residencia de reyes, después como morada auxiliadora de los monjes de Lóios, el santo recinto atravesó los siglos hasta oficiar en nuestros días de santuario hospedero de la red de pousadas lusa. Una histórica villa como Évora, capital del Alentejo, alberga cobijo a medida de sus tradiciones.
En pleno meollo del casco, se elevan las columnas toscanas que sostienen el pórtico de entrada al lugar. Tras ellas, un claustro abovedado, inefablemente manuelino sellado por arcos moriscos y una fuente de mármol sirve de incomparable comedor.
Una escalinata recorrida por más mármol en su baranda, con su buen tapiz de la ciudad de los tapices -Arraiolos-, conduce a la galería renacentista en donde se van distribuyendo las habitaciones, otrora celdas monacales.
Ningún detalle se esfumará en sus reducidas dimensiones al perfume místico que impregnan los cuadros religiosos, las referencias matemáticas y, en definitiva, el más puro estilo portugués tallado en madera. Si tanta devoción no es suficiente, en la misma planta se encuentra una capilla rococó.
Pero si lo que uno necesita es un poco de aire fresco para ventilar tanta historia contenida, nada mejor que contemplar la ciudad desde la terraza del bar de la piscina, en el jardín trasero.
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dobles: 26, dobles especiales: 5, suites: 5;
todas con
calefacción, aire acondicionado, mesa de trabajo, caja fuerte, minibar de pago, habitaciones no fumadores, albornoz, secador de pelo
jardín, piscina exterior, salas de convenciones con capacidad para 50personas , salón de estar
bar cafetería, restaurante, restaurante al aire libre
Nunca.
Conceiçao Sousa
En los días de temperaturas suaves en el Alentejo vale la pena pasar la tarde de tertulia en uno de los salones de la Pousada dos Lóios, aperitivo en mano, junto al calor de la chimenea. El ambiente manuelino, sus estatuas y el mármol de la escalinata hacen olvidar que un día el edificio albergó a un convento.
La suite 101 es el cuarto más espacioso, decorado en estilo rococó. Muebles de poderío, cuadros de santos y alegorías de matemáticas, filosofía y moral grabadas en los techos desvelan su abigarrada atmósfera.
A Évora si se llega hasta el bar del jardín, parapetado bajo una terraza porticada.
Bacalao, migas y vino alentejano en el restaurante de la pousada.
Sin grandes desplazamientos, la historia corre al encuentro del viajero en la iglesia del convento, con portada gótico flamígera y una nave revestida con azulejos de comienzos del siglo XVIII, y en el palacio de los duques de cadaval, integrado en el antiguo castillo. No perderse el templo romano consagrado a Diana, tesoro de la ciudad construido hacia el siglo II. Sus catorce columnas con bellos capiteles tallados en mármol de Estremoz permanecen inalteradas.




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