
Bien merece una reverencia la visión solemne de este palacio, escenario del devenir de la historia portuguesa más ilustre. Como ofrenda a su amada y beata esposa Isabel, Dom Diniz mandó levantar esta fabulosa residencia que hoy parece trascender los límites de la lógica hospedera. Imposible extraerse entre sus muros de aquellos pasajes de romances y tratados, de intrigas dinásticas y de batallas l...
