
El camino hacia el parador es un camino de desolación. A un lado acechan las paredes de escoria volcánica, en peligro de desplome sobre el océano, formando un paisaje atormentado de lava solidificada y grietas excavadas por el viento. Del otro está el mar, excitado por el viento que azota desde las aristas del trópico, a veces convertido en un fragor de espuma y resaca. Más allá de est...
