
En la antigua calle del Viento, donde corre la brisa hasta entrar en contacto con la iglesia de Santiago, Gerardo se fijó en una casa donde vivía un luthier y una concertista de cello, se fijó tanto que quiso invertir su sueño en el acicale de sus viejos muros, de su patio interior empedrado, de su historia –con catas arqueológicas para revivir el pasado-, y de nuevas estructuras...