Calle Calçada do Convento s/n 3400-758 Vila Pouca de Beira /Coimbra (Beira Litoral|Portugal)
Dos cosas tiene este cenobio además de su innegable valor histórico: la sierra de Estrela, emergente en la línea del horizonte y la estación de esquí que ésta alberga, diminuta y escasa en nieve pero única, a fin de cuentas, en todo el territorio luso. Los orígenes del edificio se remontan a 1780, cuando fue erigido por orden del obispo y conde Dom Francisco de Lemos de Faria Pereira. A la actualidad llega como un reclamo más para la afluencia hasta estos lares escasamente frecuentados. Un claustro protegido tras un acristalamiento, una iglesia barroca, salones con vistas y habitaciones felizmente adaptadas a la coyuntura del nuevo tiempo conviven en este reducto monacal subyugado por los ecos gregorianos.
Sigue la pista de la historia y las recomendaciones más certeras. Pincha la Crítica de Fernando Gallardo y sabrás casi todo lo que hay que saber sobre esta pousada de vistas arrebatadoras.
dobles: 20, dobles especiales: 1, suites: 3;
todas con
calefacción, aire acondicionado, mesa de trabajo, caja fuerte, minibar de pago, albornoz, secador de pelo
jardín, piscina exterior, tenis, salas de convenciones con capacidad para 160personas , salón de estar
bar cafetería, restaurante, restaurante al aire libre
área de juegos
algunas habitaciones adaptadas para discapacitados
Nunca.
Paulo Garcia
Tarjetas de crédito: AE, DC, MC, V
Impuestos incluidos
La red de Pousadas de Portugal tuvo a bien añadir a su lista este cenobio de más de dos siglos de andadura sabedora de los dos señuelos infalibles que merodean sus lindes. La sierra de Estrela es punto obligado dentro de cualquier ruta y su estación de esquí trata de arrancar, no sin el escollo de la escasez de nieve. Y como cuartel general, el Convento do Desagravo parece cumplir las exigencias.
Tras su pasado de refugio de clausura y su periodo como hospital militar en el siglo XIX, tan habitual en este tipo de construcciones, la pousada exigió un acomodo en su afán por recuperar la atmósfera de antaño. Y no en todos los espacios se logró. Un restauro para todos los gustos llevó al claustro a ser protegido por un acristalamiento, a la iglesia barroca a ser acondicionada para celebrar bodas y bautizos, a traer retazos externos como tallas de santos, molduras doradas de retablos y altares para completar el interiorismo devoto.
Pero sus alicientes no pueden sino rendirse al auténtico patrimonio de la pousada: sus vistas, arrebatadoras desde la terraza del salón principal, prolongada por un costado con una logia de tres arcos. Tanto como las obsequiadas por las estancias, en especial las del piso superior. Aunque todas respetan confortables cánones de espacio y equipamiento, mientras albergan lucidas lámparas, cabeceros y cómodas, así como cuartos de baño resaltados por un piso de terrazo jaspeado y una encimera de mármol.
En el exterior no falta el jardín silente, ambientado en su tiempo y espacio por esos cipreses y castaños tan evocadores de retiro y ascetismo.
116, 117, 118 y 119, situadas en la planta superior, amplias, bien caldeadas y suficientemente acogedoras. Convencen por la altura de sus techos y por su original entrada, una lámina de cristal de arriba a abajo y una cortina a modo de entrepuerta. Además, ofrecen desde sus terrazas unas prodigiosas vistas sobre las planicies de Oliveira do Hospital y la sierra da Estrela.
A la sierra de Estrela y al valle colindante.
En la misma pousada, donde se puede apreciar una cocina artesana especializada en las lascas de bacalao y la tigelada al estilo de Oliveira do Hospital.
No perderse el parque natural de Serra da Estrela, por supuesto, cuya extensión se prolonga desde Coimbra hasta la frontera con España. Los lagos y valles glaciares se alternan con los altos picos graníticos. No en vano, el punto más elevado del Portugal continental sobresale por entre sus bosques.




(Estas ventajas están sujetas a la disponibilidad del hotel)
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