
Ubicado en un importante hito de la ruta cervantina en plena llanura manchega, este monasterio franciscano, costeado por Jerónimo Dávila de la Cueva, vió la luz un día de 1596 en el encaje mesetario de Almagro. Cuatro siglos después, otra congregación contemplativa y no menos beatífica, la de los viajeros adictos a los paradores de turismo, disfruta de alojamiento en sus dependencias claustrales.&...