Calle La Pola 5 39150 Suesa /Cantabria (Cantabria|España)
Junto a la iglesia de la plaza de Suesa, se alza esta típica casona cántabra refrescada por el verdor de 3.000 metros cuadrados de jardín. El escudo de armas de su fachada de piedra, los arcos y la viguería de roble delatan un pasado centenario que se remonta a 1731.
Dos madrileños son los responsables de una acertada rehabilitación en clave de encanto que les ha valido la inclusión en el Club de Calidad de Cantabria.
Cada una de sus diez habitaciones luce una decoración distinta, a partir de los elementos rústicos originales, mezclados con piezas actuales y de diseño: lencería blanca, lámparas de papel, apliques modernos, cabeceros sobre muros de piedra desnuda, originales pilas de baño, sillones con tapicerías campestres...
Amplísimas y bien equipadas, todas ofrecen acceso a internet -el descanso rural no está reñido con la comodidad tecnológica- y en cuatro de ellas se puede disfrutar de un baño con hidromasaje. De éstas, dos son abuhardilladas y se ha aprovechado el espacio con buenos detalles: un rincón de lectura, un vestidor...
Tanto el salón como el comedor cuentan con el abrigo de sendas chimenea para acompañar las cenas caseras que se sirven en temporada baja. El bar, la biblioteca y una mesa de juegos son otras opciones para pasar el tiempo libre.
Existe la posibilidad de alquilar la casa completa.
dobles: 3, dobles especiales: 3, suites: 4, apartamentos: 1;
todas con
calefacción, aire acondicionado, acceso a internet, linea ADSL, TV interactiva, monitor plano de TV LCD/Plasma, mesa de trabajo, albornoz, secador de pelo
jardín, salas de convenciones con capacidad para 20personas , salón de estar
admitidas
Navidad.
Cristina Ferreiro
Suele pasar. La locura del estrés acostumbra inspirar ideas de escapismo más que recomendables. Pues La Casona de Suesa no es sólo una idea, sino una realidad. Realidad fruto de la huída de dos ejecutivos, Manuel Abal y Cristina Ferreiro, del Madrid más vertiginoso. Y hasta la salvaje costa cántabra llegaron, con la firme convicción de abrir un alojamiento que respondiera al señorío de un edificio tricentenario.
Tras una fachada más o menos anónima en la plaza Mayor de Suesa, se esconde un minucioso trabajo que persiguió aunar lo añejo con lo contemporáneo, lo moderno. Su propósito cristaliza en las habitaciones, sin ditirambos pero salpicadas de buenos retales para su relleno. Así, mantas de arpillera, jarapas de diseño escandinavo, lencería con pespuntes y viguería en los techos conforman el conjunto que unifica su estilo.
Y en los cuartos de baño, una bocanada de agradables y refrescantes aromas ejemplifica el detallismo en la política del hotel. Las esencias y el perfume inundan los espacios y hasta se venden en forma de jabones y productos de la proveza francesa.
Nada se echa en falta si luce el sol y se disfruta en la terraza. Además, otra fragancia alertará al que descansa: la de la brisa marinera sazonada desde las playas más hermosas, la de Langre, la de Laredo, la de Somo, …
El jardín, la amplitud de las habitaciones y el diseño original de algunos de los baños.
Carece de restaurante y piscina. Algún leve descuido en el mantenimiento de las instalaciones.
Las cuatro con bañera de hidromasaje, dos de ellas abuhardilladas, con más de 25 metros cuadrados y baños de ocho metros cuadrados. Algunas cuentan con vestidor y otras con rincón de lectura.
La doble especial, con entrada y balcón propios, se asoma a los jardines y resulta muy luminosa.
Santander (26 km): Del Puerto, Hernán Cortés, 63. Menú: más de 30 euros. En pleno Puerto Chico, con buenas vistas de la bahía. Cocina marinera muy sutil con materias primas de calidad.
Playas de Langre, Laredo, Somo y Galizano (2 km). Liérganes (22 km): palacio de Elsedo, s. XVIII; ermitas y casonas blasonadas; puente renacentista; balneario. Santander (26 km): catedral, Museo Marítimo del Cantábrico, Museo Regional de Prehistoria y Arqueología. Ramales de la Victoria (45 km): palacio de Revillagigedo, s. XVII; palacio de Juan Francisco de Güemes. Parque Natural de Cabárceno.
Golf en el campo próximo de Pedreña. Senderismo, paseos en bicicleta, pesca. El hotel facilita el contacto con cursos se surf en verano, cenas caseras...








(Estas ventajas están sujetas a la disponibilidad del hotel)
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