Hotel Pousada de Santa Marinha ( Guimarães / Braga )

Largo Domingos Leite de Castro – Lugar da Costa 4810-011 Guimarães /Braga (Minho|Portugal)

Teléfono:
+351253511249
fax:
+351253514459

Descripción

En el Parque Nacional de Penha, en Guimarães, se encuentra uno de los buques insignia de la red de pousadas portuguesas. Parcialmente reconstruido y restaurado, el monasterio de Santa Marinha da Costa, del siglo XII, escucha aún resonar en sus estancias las sandalias de los monjes agustinos.

Ganadora del Premio Nacional de Arquitectura, la labor de Fernando Távora a mediados de la década de los 80 conserva el sabor medieval del convento, así como de las construcciones posteriores como el claustro del siglo XVI o la fuente del XVII.

En los interiores, los azulejos del siglo XVIII decoran las blancas paredes desnudas, en un intento de romper la sobriedad cenobial de las zonas comunes. Madera oscura y noble en el mobiliario, doseles decorando las monacales estancias y admirables panorámicas sobre los palacios de Guimarâes completan el conjunto.

Las recomendaciones y la Crítica de Fernando Gallardo te esperan. Toda la historia con minúscula pero también parte de la Historia con hache mayúscula de una de las pousadas más imponentes de Portugal toman cuerpo en un solo clic. Sabrás dónde comer y en qué habitaciones dormir.

Datos de interés

Habitaciones:

dobles: 49, suites: 2;
todas con aire acondicionado, Tv color, caja fuerte, minibar de pago, albornoz, secador de pelo


Instalaciones:

jardín, piscina exterior, salas de convenciones con capacidad para 180personas , salón de estar


Comidas:

bar cafetería, restaurante


Niños:

área de juegos


Cierra:

Nunca.


Gerente:

Albino Rolim

Tarifas

 
Precios Orientativos

Hab. doble

150 €

Suite

203 €

 

Tarjetas de crédito: AE, DC, MC, V

 

IVA (5%) no incluido

 

Crítica de Fernando Gallardo

Útero arquitectónico de una ciudad destinada a ser cuna histórica del reino de Portugal, el monasterio de Santa Marinha da Costa debe su nacimiento al fervor que la esposa del primer monarca portugués, Afonso Henriques, profesaba por la orden de los agustinos. Corría el año 1154 y ya los vientos atlánticos silbaban augurios de nación. Piedra a piedra, los alarifes cortesanos fueron edificando los claustros y las celdas, las torres y la bóveda románica de la iglesia. Ordenaron los parterres e hicieron florecer los hermosos jardines que colorean la falda boscosa del monte de Penha, hoy parque natural, a dos kilómetros escasos del centro de Guimarães.

El glorioso monumento, como no podía ser de otro modo, ha acabado convertido en el buque insignia de la red de pousadas portuguesas. Su importancia ya se advierte desde las revueltas de la carretera. No sólo por el empaque de su fábrica, en forma de herradura, sino por la armonía que se desprende de los ventanales alineados a lo largo de la fachada delantera, la complejidad ornamental que exhibe el pórtico de la iglesia y, sobre todo, por la enorme escalinata de acceso ascendente hacia el cielo. Pero es que, de puertas adentro, hay más. Mucho más.

Un claustro de altas columnas recibe al visitante apabullado de humildad en los ojos. Es el aperitivo de otro claustro mayor, y también de los jardines claustrales postergados a la zona trasera. Hasta llegar ahí deben salvarse metros y metros de pasillos revestidos de antiquísimos azulejos. Leyendo en ellos la historia lusitana y las inolvidables gestas de sus navegantes oceánicos aparece al fondo, como por ensalmo, un mirador fontano donde quedarse traspuesto con el murmullo del agua y los trinos de los pajarillos que anidan en la arboleda vecina. La naturaleza parece adoptar, en horas vespertinas, la misma religión que el monasterio.

Esa serenidad beatífica de la piedra y los contraluces detrás de cada puerta se vuelven insoportables al huésped cuando afecta por contagio a todo el servicio de la pousada. ¡Qué quimera! A veces hay que esperar lo indecible en el mostrador de recepción, mientras uno se pregunta qué oración impide al empleado de turno atender con prontitud a las necesidades del recién venido. ¿Qué vísperas o maitines se estarán oficiando para que la cena o los desayunos tarden tanto en servirse? Y, lo peor, ¿cuántos misereres habrá que oir antes de que los sanitarios de los cuartos de baño se renueven en el límite ya traspasado de su edad? Acerca de la periodicidad en los cambios toalleros, los designios de la gobernanta parecen inescrutables.

Las celdas primigenias, decoradas con doseles, mantas de peso y mobiliario de madera noble, tasan a precio cardenalicio su añeja austeridad. Amplias, de techos altos, con una puertecilla abierta a los también enormes baños. Y severas, como el metro y medio de grosor que alcanzan sus muros si tocan las de la fachada. Entusiasman a todo el mundo, por supuesto, aunque el confort moderno se aprecie con mayor intensidad en los dormitorios de nueva planta, anexos al edificio principal. No albergan camastros de agustino penitente ni azulejos portugueses en las paredes. No ofrecen albornoces, pero tampoco cilicios o casullas para poner en prueba la espiritualidad del huésped. Son, simplemente, funcionales. Y sus galerías miran, desde lo alto, a los palacios, murallas e iglesias de Guimarães, el solar donde fue acuñado de saudade el nombre de Portugal.


HABITACIONES RECOMENDABLES:

La suite escapa del rigor exhibido en el resto de celdas. Una cama torneada a la portuguesa y unas colchas a juego con las cortinas presagian buenos sueños. En la salita, un sofá en tonos rojos da paso al baño de mármol sanguíneo.


HABITACIONES CON VISTAS:

Desde las terrazas y balcones la mirada alcanza el magnetismo de los jardines y senderos.


COMER:

La pousada ofrece una carta a base de caldo gallego, bacalao con migas, caldeirada de Cabrito y otros platos y postres de Guimarães.


ALREDEDORES:

Descendiendo por una fuerte pendiente de asfalto, en apenas diez minutos se llega al centro de Guimarães. En la plaza de Santa María tiene su emplazamiento otra pousada histórica, Nossa Senhora da Oliveira, sobre una vivienda originaria del siglo XIII. Inexcusable la visita del castillo, siglo X; el palacio de los duques de Bragança, así como las iglesias de São Francisco y de los Santos. En coche, a 19 kilómetros se encuentra la pequeña ciudad de Barcelos, conocida por sus gallos típicos.


Opiniones




Ventajas VIP

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Pousada de Santa Marinha

En este hotel, por ser socio VIP tienes derecho a:

Desayuno incluido en el precio de la habitación
Parking gratuito
Obsequio de bienvenida cesta de fruta y agua.

(Estas ventajas están sujetas a la disponibilidad del hotel)

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