Largo Nuno Alvares Pereira 7801-901 Beja (Alentejo|Portugal)
La severidad aún intacta de un pasado expuesto a múltiples vaivenes desde la fundación del cenobio en 1268, amortigua su carácter tras la reconversión en pousada. Historia escrita a cada paso, del refectorio y el claustro de la época manuelina, siglo XVI, se avanza hasta la construcción de la iglesia un siglo después, manierista en su estilo.
Los azulejos de los siglos XVI y XVII que lucen tanto la capilla como los claustros enaltecen por sí mismos la especialidad del país. Por su parte, las antiguas celdas franciscanas transformadas en habitaciones sintetizan con acierto el espíritu de una pousada: ni demasiado modernas, ni incómodos remedos de otras épocas.
El jardín trasero, a pesar de los pesares del entorno exterior, invita a cultivar la espiritualidad, máxime cuando los muros del convento acogen conciertos de música clásica a cargo de destacadas orquestas nacionales. Del romanticismo se encarga cada uno, aunque no está de más conocer la triste historia de la hermana María Alcoforado, la de sus súplicas candorosas al conde de Chamilly y la de su paciente amor enclaustrado en São Francisco jamás correspondido.
Tras este resumen, Fernando Gallardo no escatima un detalle en su crítica especializada.
dobles: 34, suites: 1;
todas con
calefacción, aire acondicionado, camas kingsize, TV satelite, radio, mesa de trabajo, caja fuerte, minibar gratis, frutas de bienvenida, habitaciones no fumadores, albornoz, secador de pelo
servicio 24 horas, jardín, piscina exterior, tenis, zona WIFI, salas de convenciones con capacidad para 350personas , sauna-ducha, salón de estar, salón de billar, piscina infantil
bar cafetería, restaurante, restaurante al aire libre
área de juegos
algunas habitaciones adaptadas para discapacitados
hotel para fumadores
+ hoteles para fumadores
Nunca.
Conceiçao Sousa
Tarjetas de crédito: AE, DC, EC, MC, V
Impuestos incluidos
Fue el alcalde de Beja, Lopo Esteves, el culpable del asentamiento franciscano en la capital de Baixo Alentejo. Él cedió las tierras y la orden fundó uno de sus dos conventos de la ciudad a espaldas de la puerta de Mértola, junto a las murallas. Y el transcurrir del tiempo hasta su reconversión en pousada dejó cambios derivados del huésped de turno, según siglo y fecha. Y hoy, apenas sus muros encierran un recuerdo de cada estilo y moda de su época. Así, la iglesia situada a la entrada destila un barroco de claro cariz manierista. A su derecha, tanto el claustro, de aspecto un tanto inhóspito y demediado por una cisterna cerrada al público, como el refectorio habitan todavía el siglo XVI y su etapa manuelina. De anterior raíz es la capilla dos Túmulos, levantada en honor a San Luis por mandato del rey Dom Dinis en 1302.
La clave confesional exhala a cada paso, ya sea en forma de motivos alusivos a la vida de San Francisco en las vulvas circulares del artesonado del refectorio o en la cruz de la orden de Cristo, o en forma de frescos monacales en la Sala do Capítulo, un cuarto de estar con televisor y mesa de billar.
En los salones se ha elegido para sus tapicerías tonos anaranjados como vía de escape al rigor de un monasterio cimentado en cal y piedra. Fuera, el jardín lleva la firma de prestigioso arquitecto paisajista Gonçalo Ribeiro Telles y plantea una superación de la huerta primigenia como enclave de lectura y meditación. Una pena la chirriante torre de comunicaciones asomada tras los muros. Más agradable será desviar la mirada hacia la explanada próxima a las pistas de tenis y la piscina, alzarse sobre Beja desde la torre Sineira o tomar un refrigerio en el vistoso bar.
O retirarse a los aposentos, 40 habitaciones de austera espiritualidad más una suite, en las antiguas celdas franciscanas. Madera y barro aliviados por algunas pinceladas coloristas en armarios, marcos y puertas. Dormitorios sin excelencias pero reconfortados por la historia y el misticismo.
Mención especial merece la 223 por su decoración personal en tonos azules y sus vistas a la piscina. Además, conserva intacto un arco de ladrillo de la época original.
Beja en todo su esplendor desde la torre Sineira.
Comida alentejana y especialidades de Beja en el restaurante de la pousada. Ensopado de cordero para empezar, tocino de cielo y cabello de ángel para terminar.
La muralla y el castillo del siglo XIII acaparan el protagonismo en el casco antiguo de Beja. También, dos conventos: Nossa Señora da Conceiçao (ahora museo Regional) y São Francisco, e iglesias por doquier. Al salir del pueblo, merece la pena toparse con los viejos molinos recuperados para el turismo. A 5 km. la villa romana de Pizões, muy interesante de estudiar.
Conciertos de música clásica con la participación de importantes orquestas nacionales, como la Sinfonieta de Lisboa, integrada por jóvenes compositores portugueses.