
Un oasis a imagen y semejanza de los cortijos arabescos, muy propio de la arquitectura del Baixo Alentejo. Arquitectura vegetal, la llaman, encerrada entre frutales y olivos, refrescados por el agua, siempre el agua, de la bella piscina y la cascada. Y dentro, la arquitecta Teresa Ferreira ideó más empatía entre tradiciones, la islámica y la alentejana, a base de ladrillo en las refrigeradas bóved...
