
Comodidad, sosiego y cercanía es lo que ofrece a sus huéspedes este convento del siglo XVIII. El urbanita empedernido no encontrará ningún elemento de distracción, pues ni siquiera la televisión ha llegado a este coqueto retiro espiritual escondido en un tranquilo pueblecito de la Tierra de Barros. Las antiguas celdas individuales se han convertido en habitaciones y el refectorio, con su púlpito i...