Calle Alba 10 03590 Altea /Alicante (Valencia|España)
Altea impone cada vez más sus encantos sosegados de fina mediterraneidad en lo alto de su colina. Y de esta serena conquista, tan recomendable para un verano de postal blanca y azul, nacen hotelitos como el impulsado por Elia Albert, emprendedora propietaria de esta pieza de hormigón, acero y cristal firmada por el arquitecto Fernando Picaza que acoge refinadas muestras de buena hospitalidad en pleno casco histórico.
Alguna falta en el acceso –comprensible por el intrincado trazado urbano- o algún brete prosaico en la orientación o ejecución de las hechuras del edificio no puede entorpecer la desenvoltura airosa de su terraza exterior, de su salón y comedor, de su ambientación generosa en luz natural y decoración sugerente, y de sus diez habitaciones radiantes.
De los grabados y esculturas de Damiá Díaz se pasa a los sillones Coconut y a las colchas de Adolfo Domínguez. Pulcritud y ventilación escandinava, contadas piezas de mobiliario negro sobre un fondo de tonos crudos, arcos simulados de hormigón blanco y vistas al mar en la mayoría de las alcobas. Y relumbrón visionario en los cuartos de baño, provistos de una ducha como debe ser e inodoros con pulverizador de agua.
dobles: 8, dobles especiales: 1, junior suites: 1;
todas con
calefacción, aire acondicionado, camas kingsize, acceso a internet, monitor plano de TV LCD/Plasma, radio, lector DVD, mesa de trabajo, caja fuerte, habitaciones no fumadores, albornoz, secador de pelo
garaje, piscina exterior, sauna, salón de estar
bar cafetería, restaurante al aire libre
Nunca.
Elia Albert
Tarjetas de crédito: AE, MC, V, 6000
IVA (7%) no incluido
Instalado en una arquitectura contemporánea en chapa, cristal y hormigón, el hotel La Serena apuesta por la modernidad, la atmósfera culta y los detalles de buen gusto.
Un lugar donde perderse unos días, con todo lujo de detalles. Magníficas habitaciones. Magnífico restaurante. Magnífica ubicacion para una escapada.
En el aparcamiento no pueden entrar algunos coches por sus dimensiones, ni en la calle es fácil dejarlo de noche. Considero que el interior del hotel ofrece un ambiente excesivamente frío para mí.
Un sitio perfecto al que acudir en una escapada romántica y tranquila en temporada media o baja. En pleno verano, Altea está a rebosar de turistas y pierde un poco de su mucho encanto. El hotel posee grandes habitaciones, baños originales y terraza para dejar pasar las horas en ella. El Hamman, sumado a las manos eficaces de la masajista, es insuperable. Quizá deberían cuidar un poco más el tema de la limpieza de las habitaciones, pero en general está bien. Desayunos muy correctos, pero para comer o cenar merece la pena explorar algún lugar de entre la numerosa oferta que ofrece el pueblo.




(Estas ventajas están sujetas a la disponibilidad del hotel)
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