
El escondite en cuestión es una antigua almazara que supera los 300 años de vida, recuperada para la ocasión por los dueños con mimo y empeño. Su filosofía de negocio: ni niños, ni mascotas, ni grupos. Silencio total. Las dos plantas del edificio dan para tres salones, una sala de lectura, donde poder paladear un buen oporto, y siete habitaciones coloristas. Bueno, y un patio interior donde corre el agua y huele a jazmín y a flor de azahar. Un pequeño jacuzzi, un spa y una piscina subterránea en el algibe de la casa conforman lo que ellos mismos denominan la “zona del agua”....
