
Un tortuoso camino conduce a esta finca de 600 hectáreas situada en la sierra del Segura. El establecimiento ocupa una cortijo serrano de principios de siglo. Un antiguo almacén de esparto y un palomar restaurados albergan ahora los espacios comunes del alojamiento, mientras que las estancias se ubican en una construcción anexa de nueva planta, que también funciona como vivienda particular.
