Calle Mayor 20 01300 Laguardia /Álava (País Vasco|España)
Caserón edificado en el siglo XVII por la familia Enciso-Viana en estilo barroco gentil. Meri G. Huergo y Jaime Gutiérrez lo encontraron en muy malas condiciones y emprendieron la reconstrucción del edificio y la restauración de casi todos los muebles de época que aún conserva la posada. Su majestuosa puerta aparece coronada con el escudo de Sánchez Hilara.
Las habitaciones, cada una distinta de la anterior, han sido decoradas de forma entrañable y disponen de un equipamiento generoso. El hotel acoge un afamado restaurante dirigido por Miguel Arrabe, antiguo jefe de cocina de Luis Irízar, donde degustar especialidades riojanas y excelentes caldos de la casa seleccionados por Jaime Gutiérrez.
Para saber más sobre este hotel con encanto, lee la Crítica de Fernando Gallardo.
dobles: 8;
todas con
calefacción, aire acondicionado, linea ADSL, monitor plano de TV LCD/Plasma, TV satelite, TV Canal Plus, videojuegos, radio, lector DVD, mesa de trabajo, caja fuerte, minibar de pago, cafetera, frutas de bienvenida, prensa diaria, secador de pelo
Salida a las 17 horas, servicio 24 horas, garaje, jardín, piscina exterior, salas de convenciones con capacidad para 55personas , salón de estar, transporte al aeropuerto
bar cafetería, restaurante, restaurante al aire libre
servicio de canguro
admitidas
Sin instalaciones especiales. No ponen impedimento, pero solicitan que sean buenos.
Del 21 de diciembre al 10 de enero.
Meri G. Huergo
Tarjetas de crédito: MC, V
IVA (7%) no incluido
Un viaje en el tiempo, una caída libre hacía los momentos de esplendor que refulgían allá por el 1619, fecha en la que Don Martín Sánchez Samaniego levantó el palacio de Viana, una mansión que dio cobijo a la nobleza de los Enciso-Viana. Eso es lo que el matrimonio asturiano, Meri G. Huergo y Jaime Gutiérrez comenzó a proponer desde que afrontaron la dirección del monumental recinto. Desde el conocimiento y el buen gusto reflotaron un espacio casi ruinoso a través de una obra costosa, de más de tres años de trabajo, pero fiel a la herencia y a la historia.
Tres plantas de sillería rematadas en un coqueto ático ideal para la charla o la lectura, decorado con un escritorio de notario y alegrado por unas buganvillas trasplantadas, conforman el valioso envoltorio que resguarda unos interiores aún más preciosistas. Un mobiliario meticulosamente recuperado del originario emplazamiento y otro expresamente traído desde Asturias visten con aires barrocos las distintas estancias y alcobas. Escribanías, pupitres, jofainas y alfombras pertrechan el esqueleto formado por viguería de madera, paredes de granito y suelos de barro.
Y en las habitaciones, más piedra vista, más viguería y mucha más madera noble. Todas diferenciadas, las ocho ejemplifican la sencilla elegancia evocadora de la época cervantina. Pero como la posada no es alojamiento sin más sino que es producto de una tríada, el aposento no se entiende sin la maestría oficiada desde el restaurante por parte de Miguel Arrabe, nombre reverenciado en toda buena cocina del norte peninsular, ni sin el tesoro vinícola en forma de riojas custodiado en los sótanos por Jaime, experto y catedrático en enología. Y es que todo encaja en Migueloa, donde nada se escatima en un paseo inolvidable por nuestro Siglo de Oro.
La bodega de la casa, un espacio sugerente para iniciarse en la cata de riojas y en el tapeo cotidiano. Ya lo apuntó el poeta Baudelaire: "Montemos a caballo sobre el vino / en pos de un cielo féerico y divino".
En el restaurante de la posada, de gran renombre en el norte de España y dirigido por el antiguo jefe de cocina de Luis Irízar. Cocina vasco-regionana y notable carta de vinos. Merluza rellena y turnedó espolvoreado con foie y trufas. Menú: entre 21-30 €.
También en Castillo El Collado, en Paseo El Collado, 1. Pencas de acelga rellenas de salsa fina de bechamel, rabo estofado de buey. Menú: entre 21-30 €.
En Laguardia: muralla, casa natal del fabulista Samaniego, iglesia de Santa María de los Reyes, casa de la Primicia (s. XV), iglesia gótica de San Juan Bautista. Yacimiento de la Edad del Bronce en La Hoya, dolmen de la Chabora de la Hechicera y otras construcciones megalíticas, lagunas de Laguardia, ermita románica de Berberana (75 km).
Cursos de cata, excursiones por el patrimonio prehistórico de Laguardia y alrededores, senderismo, alquiler de caballos y bicicletas de montaña.
Tuve la desgracia de soportar este restaurante en octubre 2008:dos horas de espera para ser mal servidos y sin ninguna excusa, buena palabra o tentempié para hacerlo más llevadero. Mi hermano, al poco tiempo, les escribió una carta exponiendo los hechos acaecidos, pero el restaurante no respondió. Más tarde, decidió dejar su (nuestra) opinión en foros de Internet donde la gente se expresa libremente y da su opinión positiva o negativa sobre cualquier tipo de bien, servicio o experiencia. En los foros donde pudieron borrarlo, borraron la opinión y en otros en los que no pudieron se dirigieron a él desde La Posada Mayor de Migueloa, no para pedirle excusas, sino bajo la amenaza con demandarle judicialmente por dejar dicha opinión aludiendo al número de IP y a que, según ellos, no estuvimos allí. Pues bien, buscando información sobre Migueloa aquí, en Notodohoteles, compruebo con sorpresa que es la forma habitual de actuar de esta empresa. Yo estuve allí, yo lo sufrí y puedo decir que el servicio fue nefasto y el trato durante la comida también.
Un lugar con encanto, en una población especial. Pequeño, Tranquilo y muy acogedor. La directora del hotel es una persona entrañable y gran conversadora. La recepción, amable y dispuesta a facilitar una estancia agradable. Limpio y con un servicio atento.
Le voy a decir una cosa muy claramente: nadie y le repito nadie, juega con el esfuerzo de mi familia, eso no se lo permito a nadie, (…) le garantizo que gracias a nuestra buena reputación, larga trayectoria y a estar muy, muy bien relacionados, seguimos siendo referentes en nuestro sector. Por supuesto que si no se retiran las falacias y calumnias sobre nuestra casa que se vierten en una página web que supongo es un buen negocio para usted, vamos a utilizar toda nuestra fuerza en los medios autonómicos y nacionales, y le aseguro que la lista de íntimos amigos en el sector nos da un gran soporte. Por otro lado no descartamos ninguna de las medidas jurídicas que están a nuestro alcance, y por supuesto que las acciones que determinen nuestros abogados irán directamente contra los responsables de la empresa que son soporte de las calumnias. A estas alturas no permito que nadie manipule mi empresa ni juegue con mi familia.
Estuve con mi marido y mi hija (22 meses) el fin de semana del 26 al 28 de enero. Encontré por Internet este alojamiento y pensé dar una sorpresa a mi marido. Y la sorpresa fue para mí: al hacer la reserva me pidieron el número de la Visa. Lo facilité y el día 25 de enero, el día antes de ir, recibo en mi móvil un aviso de mi banco que decía que con fecha 25/01 se había realizado un cargo por importe de 267,50 euros en mi cuenta bancaria, y el ordenante era Mayor de Migueloa. Como era el cumpleaños de mi marido, no quise amargar el fin de semana y pensé: "bueno, cuando paguemos al salir, haremos la liquidación". Y nueva sorpresa: me pidieron el importe total de la factura (eran las siete de la mañana y teníamos que coger el avión en Logroño). Así que, aunque amable, el empleado que estaba a esa hora en recepción y, despues de veinte minutos, encontró un comprobante con el cargo realizado. Conforme: la noche anterior (27/01) habían hecho la devolución. Aún al volver a casa comprobé que habían hecho otro cargo más (importe de una cena) que luego habían retrocedido. Evidentemente, esta gente hizo un uso ilegal de mi tarjeta y he iniciado los trámites ante consumo para denunciarlo. En cuanto al lugar, a mí personalmente me decepcionó, en comparación con las fotos que había visto por Internet. La habitación era oscura, incómoda para ir con niños, igual que el baño. Los accesos, las escaleras, imposibles. El personal se salvaba porque eran todos muy amables. La cocina tampoco me impresionó.
No entiendo cómo una persona como la propietaria puede tratar tan mal a sus empleados. Es un sito muy bonito, pero con mal ambiente.
Ayer comimos en el restaurante del hotel. Era una comida de empresa, aproximadamente unas 40 personas. Lo hicimos en el ático, un sitio realmente precioso. Pero entre plato y plato (era un menú concertado) transcurría una eternidad. Tuve que pedir agua muchas veces, incluso cuando la servían apenas daba para una mesa de 8. La simpática camarera ni siquiera supo lo que eran unos "valencianos" que le pedí.
La dueña es una prepotente que intenta engañarte y además trata a sus empleados como si fueran sirvientes: no duda en echarles broncas delante de los clientes. La habitación que nos tocó era oscura y normalita. Muy cara para lo que ofrecía.
Nos la habían recomendado, especialmente para comer, y nos desplazamos 200 kilómetros para comprobarlo. El día anterior habíamos hecho una reserva por teléfono, pero el llegar allí no tenían constancia de la misma. Aún así, todo un detalle, nos ubicaron en una mesa enorme, redonda y muy espaciosa. La dueña, antes de decir buenos días nos preguntó si teníamos reserva mientras iba controlando sin descanso al personal de servicio y dando órdenes a diestro y siniesto. Esa imagen se me quedó muy grabada. Bien está que controles tu negocio, pero delante de los clientes... No da buena imagen, desde luego. Nos prepararon una mesa en la última planta del restaurante, un entorno muy acogedor. Pedimos varios platos para compartir. El camarero que atendió nuestra mesa tenía buenas intenciones, pero le faltaba profesionalidad. Primero no nos dio a probar el vino, ni sirvió el agua en las copas. Nos puso una cuchara necesaria para uno de los platos entrantes, que luego nos la retiró para volver a ponerla cuando llegó el momento. Las botellas de vino que pedimos (tres en total) se iban quedando vacías en la mesa una tras otra con sus respectivos corchos tirados por la mesa. No retiraron el pan utilizado antes de los postres. Al poner y recoger los platos, el dedo pulgar siempre estaba metido dentro. Además, la comida era muy normalita.
Tengo sentimientos contradictorios respecto a nuestra estancia en este hotel, una noche el fin de semana del 18 de noviembre de 2006.Todo lo que dicen los anteriores comentarios sobre el restaurante es cierto: está de capa caída y overpriced, como dicen los anglosajones. Lástima de bacalao a la vizcaína: lo repetimos para ver si habían aprendido, pero no. La sábana de nuestra habitación tenía restos de sangre (un accidente de la encargada) y nos la tuvieron que cambiar hasta dos veces más porque la que pusieron quedaba pequeña. Muy ruidosas las habitaciones durante el funcionamiento del restaurante, pero eso no es culpa de nadie, sino de la distribución del edificio. La propietaria hace comentarios despectivos de algunos afamados restaurantes de las cercanías, poniéndose a ella como referencia gastronómica (hace 15 años puede que lo fueran). Puntos a favor: en el momento de hacer la reserva, la propietaria fue encantadora, nos asignó la habitación que nos apetecía (la de las fotos), a pesar de que reservamos la víspera. No nos pidió tarjeta, ni anticipo alguno, aunque tenía el hotel a tope y mucha demanda. Nos recibió calurosamente: lo cierto es que tiene una gran conversación. El personal es muy, muy amable (te llevan las maletas, algo cada vez más raro incluso en los hoteles de mayor categoría). El hotel en sí merece una visita por lo espectacular de su arquitectura y el mobiliario del siglo XVII, con sus bargueños, tapicerías adamascadas y suelos irregulares de barro cocido (parece la casa de Alatriste). La habitación no era lo más confortable pero, dadas las características del sitio, estaba todo lo limpia y correctamente mantenida que cabe exigir. El baño y el kit de aseo son más que correctos. Recomendaría la experiencia de pasar una noche en este sitio (con una es bastante) a viejeros inquietos y curiosos, que aprecien la atmósfera única del lugar. No lo recomendaría en absoluto a familias con niños pequeños, y a viajeros algo mayores o comodones, a los que no les gusten las sorpresas, las escaleras, el jaleo, el mobiliario incómodo, los baches en el suelo, las ventanas estrechas que dan a un oscuro patio interior. El restaurante es completamente prescindible. Sólo te enseñan la bodega si cenas allí, y poco menos que te azuzan para reservar mesa, aunque luego haya sitio de sobra. Un truco muy viejo.
Tiene buena cocina (un poco cara) y la cena ha de ser a la carta. Lo peor de todo es que a pesar que informamos que nuestro hijo es celíaco (intolerante al gluten) y de asegurarnos que no había ningún problema porque pasaban por la posada miles de celíacos, no nos informaron de que la menestra de verduras incluía harina. Un error lo tiene cualquiera, pero es que ni siquiera se disculparon.
He estado esta Semana Santa animado por la fama que tenía el restaurante. ¡Menudo chasco! Una menestra fría que quedó entera en el plato y no fue sustituida por otra en condiciones. Un bacalao a la vizcaína que me dio la sensación de ser bastante antiguo y recalentado, aparte de sevirlo con una salsa donde el tomate y el pimiento se intuían más de tetrabrik que de productos naturales como se suponía al leer la carta. Y, para colmo, una cierta prepotencia al recomendarme el vino de la casa, que no me gustó. Eso sí, en un precioso restaurante.