Mallorca, mucho más que playas (24/07/2015)

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Plan Mallorca, mucho más que playas
Por una vez, decir de una isla que lo tiene todo para quedarse a vivir en ella no es exagerar. En Mallorca confluyen parajes naturales, patrimonio, gastronomía, cultura y playas, muchas playas. Algunas de ellas con nada que envidiar a las más famosas del mundo, estén en el Caribe o en Sri Lanka. Muchas de ellas tienen protección oficial debido a su flora, su fauna o los yacimientos arqueológicos próximos. Porque esa es otra virtud de la isla mallorquina; junto a la cala más acogedora se imparte, simultáneamente y en silencio, una clase de historia.
 
Los amantes de los deportes náuticos están de enhorabuena, ya opten por la vela, el esquí acuático, el kite surfing o el submarinismo. Nada menos que 50 clubes operan en la isla, y muchos de ellos ofertan asombrosos viajes submarinos en busca de la flora marina y de bancos de peces y corales. También brindarán por su buena suerte los que prefieran la montaña, que en Mallorca no falta de nada. Solo tendrán que preguntar por la sierra de Tramuntana, en dirección noroeste, repleta de acantilados de impresión que contrastan con la placidez del resto de las calas de arena dorada que pueblan el resto de la orografía.
 
Mencionar Mallorca es mencionar su Catedral, en Palma de Mallorca, cumbre del gótico y dueña del mayor rosetón del mundo. Es sorprendente comprobar cómo se asoma al Mediterráneo, enseñoreada sobre las murallas romana y renacentista de la ciudad. El Museo de Historia de la ciudad se aloja en el Castillo de Bellver y conviene apuntar también en la agenda de lugares que no hay que perderse tanto el Palacio Real de La Almudaina como el Convento de San Francisco. Sin olvidar la Judería, entre la Plaza Santa Eulália y Porta d’es Camp.
 
No puede tampoco faltar una visita a Manacor, a 54 kilómetros de Palma, residencia de las célebres cuevas del Drach. Ni a Alcudia, con más de una docena de playas del más diverso tipo y algunas de ellas como la incomparable Playa Es Coll Baix. Entrando de lleno en el festín de playas que ofrece Mallorca, es aconsejable no olvidar ninguno de estos nombres: Cala Varqués (Manacor), Playa Sa Canova, Playa de Formentor (Pollença), Caló des Moro, Cala Mesquida (Capdepera), Cala Mondragó (Santanyí).  
 
En Mallorca no se entiende la mesa sin productos frescos y de primera calidad. El popular ‘frito mallorquín’ es un guiso que incluye hígado, patatas y pimientos, y al camarero que proponga un ‘arroz brut’ hay que decirle siempre que sí. Tampoco faltan los vinos sobresalientes de cualquiera de sus dos Denominaciones de Origen.

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