
Los nuevos usos de la micro-hotelería, de los podhotels y de construcción efímera son imprescindibles para entender este proyecto ejecutado por T3arc, cuyo taller de arte y arquitectura se expande desde Cuernavaca con Alfredo Raymundo Cano al frente.
También el turismo eco-responsable y el valor de los materiales reciclados tuvieron mucho que ver. En tan sólo tres meses, la instalación contó con 20 tuberías de 2,10x3,00 amuebladas con cama queen size, escritorio, ventilador y espacio de almacenamiento bajo la superficie que sostiene al colchón. Más original aún es la manera en que formaron dos pirámides de tres tubos con escaleras fijas para acceder al tubo-habitación superior.
No hay que preocuparse por la temperatura, pues cada tubería responde al examen térmico. En cuanto al apartado de higiene y aseo, el hotel no puede asumir más lujos que el de proporcionar en el mismo recinto un par de cuartos de baño comunales con duchas con agua caliente. Sin embargo, si ofrece una piscina frente a las tuberías y próximamente un bar-coctelería y un restaurante.
El desembolso no pasa de los 42 $ por noche los 365 días del año. Sin ser el sistema de voluntariedad tarifaria del dasparkhotel, parece una cifra razonable para la clientela del Tubohotel, un establecimiento rápido y fácil de construir, barato, sostenible y del todo sugerente.