Así como las habitaciones, las plantas de la casa pairal ocupada por La Grava poseen un nombre: En Les Golfes se encuentran las habitaciones de los tomates y avellanas; en L’Estança vive la cuarta generación de propietarios; y, por último, la Fonda, donde dormían el Arriero, el Trufaire o el Comerciante, los primeros huéspedes del establecimiento, a principios del siglo XX.