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Ponte el albornoz al salir de la ducha

Notodohoteles.com . 28 de febrero de 2010

Prenda ya habitual en el equipamiento de muchos hoteles, el albornoz espera en la habitación como una invitación a ponerse cómodo, a sentirse como en casa. El huésped de hoy aprecia encontrarse un albornoz impoluto, suave y mullido en el cuarto de baño, dentro de un armario o doblado a los pies de la cama. Y aunque no todo el mundo usa esta prenda en su casa, son pocos los que al encontrar un albornoz en la habitación de un hotel se resisten a envolverse con él después del baño, antes de irse a la cama, o para bajar a la piscina. ¿Por qué elegir entre toalla y albornoz, si se pueden disfrutar las dos cosas?

Albornoz proviene del término al-burnus, que en árabe significa capucha. Fueron precisamente los árabes quienes popularizaron su uso en los hammanes españoles del medievo. Bajo distintas denominaciones y formas, es una prenda que se utiliza en prácticamente todas las culturas.

En Japón los yukatas han escapado de la intimidad del hogar para convertirse en una vestimenta de calle. En verano, para combatir las altas temperaturas y la humedad, no son pocos los trabajadores nipones que se apuntan al Yukata Friday, el día más casual de la semana, en el que está permitido ir a la oficina en lo que tradicionalmente era una bata de andar por casa.

La iniciativa surgió a raíz de que el primer ministro nipón, Junichiro Koizumi, se presentara en el parlamento con una camisa abierta y sin corbata para dar ejemplo y animar a sus conciudadanos a usar prendas más frescas con la finalidad de reducir el uso de aire acondicionado y ahorrar energía. Ahora las firmas de moda japonesas confeccionan elegantes yukatas con distintas telas y estampados, y los venden como churros. Incluso los están exportando a Occidente, donde urbanitas y fashion victim se pirran por sus diseños minimalistas y exóticos.

Hoteles de temática y decoración oriental de todo el mundo ofrecen en sus suites yukatas de algodón o batas de seda como parte de la estética global. Por ejemplo, las batas del Furama Resort, el complejo hotelero más lujoso de Danang, en el centro de Vietnam, son de una tela muy fina y suave al tacto, profusamente estampada, con las chanclas a juego.

En España, La Luna Blanca (Torremolinos, Málaga) ofrece a quienes se hospedan en la suite japonesa un baño típico japonés (furo), yukatas y kimonos para estar en la habitación.

En las dos suites junior de la planta 10 del Silken Puerta América, diseñada por Arata Isozaki, se exponen en las paredes, como parte de la decoración, kimonos especialmente diseñados para el hotel por una empresa japonesa.

Salvo excepciones, lo más habitual es encontrarse albornoces cien por cien algodón de 1400 gramos, de rizo americano, en color blanco, con cuello esmoquin y con el logotipo del hotel estampado en el bolsillo o en la pechera. Se suelen acompañar por unas zapatillas a juego, también en blanco y con el nombre del hotel estampado o cosido.

Como sucede con las toallas, hay un albornoz para cada ocupante de la habitación, que se cambia a diario, sobre todo en los hoteles que cuentan con spa, balneario, o sala de masajes. En este tipo de alojamientos el albornoz se hace aún más imprescindible, pues aparte de usarse para secarse después de la ducha, se utiliza para moverse por las instalaciones termales sin pasar frío.

«En un hotel-balneario, los albornoces se cambian cuantas veces sea necesario y siempre que el huésped lo solicite, pues pueden humedecerse o mancharse con los aceites corporales que se aplican en algunos tratamientos", explica la gobernanta del Balneario de Mondariz, en Pontevedra.

En el Hotel Hesperia Isla La Toja (isla La Toja, Pontevedra), los albornoces se colocan en todas las habitaciones. Prácticamente todos los clientes los utilizan, bajen o no al balneario.

En ambos hoteles se ofrecen varias tallas de un mismo modelo de albornoz, con el anagrama del hotel, que también se pueden comprar en la recepción a modo de recuerdo de la estancia. Hay quienes permanecen en el balneario varios días, prefieren estrenar albornoz y lo compran para usarlo y luego llevárselo a casa.

En los hoteles aislados en la montaña o en el campo también se ofrecen albornoces, aunque su uso tiene otras motivaciones. «Además de los albornoces con capucha que damos en el spa, en las habitaciones colocamos otros de tacto muy agradable, lígeros y suaves, en nido de abeja, para que el cliente se ponga cómodo. Es el complemento perfecto para ver una de las películas que se encuentran en la habitación, sentados en el sofá, con el albornoz puesto, cuando cae la noche, antes de irse a la cama. Ayuda a sentirse como en casa», informa Teresa Dorn, propietaria de El Milano Real (Hoyos del Espino, Ávila).

«Los pongo como un detalle para que estén cómodos. El cliente español lo usa menos, pero sí he observado que a los alemanes y a los ingleses les gusta sentarse a leer o a escribir con el albornoz puesto en las galerías de las habitaciones, después de cenar, a última hora de la tarde.

También los usan los peregrinos que ya se sienten como en casa y bajan a desayunar en albornoz y zapatillas», apunta Maica Iglesias, al frente del Pazo Cibrán (San Xulián de Sales, a Coruña). «Casi un cien por cien de nuestros huéspedes usan el albornoz para estar en la habitación, para ir al gimnasio o a darse un masaje. Se encuentran en todas las habitaciones; en las suites, doblados dentro del jacuzzi, y en las dobles, colgados en los cuartos de baño, con las zapatillas dentro del bolsillo», indican los responsables de Can Xiquet (Cantallops, Girona).fin

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