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Es el propietario de Can Boix, un hotel con encanto entre las montañas del prepirineo leridano

Joan Pallarès, la décima generación

Ana Rízquez . 7 de noviembre de 2008

Desde 1763, la familia de Joan Pallarès Oliva brinda su hospitalidad a los viajeros que visitan Peramola, una recóndita población de la comarca del Alto Urgell rodeada de peñascos, pinos y bojes. Pionero en el turismo rural y de naturaleza en el prepirineo leridano, su abuelo decidió arreglar una parte de la casa familiar para recibir veraneantes y enfermos que necesitaban reposo y aire puro. Habilitó la casa con agua corriente y luz eléctrica y abrió ocho habitaciones que, con el tiempo, fueron ampliándose en número y en prestaciones. Aquel alto en un cruce de caminos entre Lérida y Andorra, donde los viajeros paraban a refrescar el gaznate con un poco de agua o de vino, se convirtió en un digno negocio hotelero en el que se involucró toda la familia Pallarés.

“Mi padre quería que continuase con el negocio familiar y a mí me gustaba la cocina, así que pasé una temporada en Gerona y en Madrid para formarme en la escuela de hostelería. Después trabajé en restaurantes y hoteles de Francia e Inglaterra, mientras que mi padre se esforzaba en promocionar el hotel y ampliar la oferta turística con rutas a pie y excursiones por los alrededores”, recuerda Joan Pallarès.

A su vuelta a Peramola quiso darle un giro al hotel para hacerlo más profesional. En 1988 construyeron un ala nueva que albergaría más habitaciones, amplias (40 metros cuadrados) y equipadas con los primeros jacuzzis de todo Lleida. Desde entonces, las mejoras no han parado: construcción de nuevas instalaciones y alcobas dignas de un hotel cuatro estrellas, reformas en la casa principal, consolidación de su restaurante… La familia Pallarés ha prodigado constantes cuidados a su complejo turístico, reformándolo tantas veces como ha sido necesario.

Para Joan, lo más difícil fue dar a conocer el hotel y la zona en la que se encuentra: “Este rincón del prepirineo no era en absoluto turístico, pese a tener muchos atractivos. Además de ofrecer actividades de naturaleza y fragmentar la oferta según el periodo del año, presentamos el negocio en ferias de turismo, nos unimos a proyectos como el de Rusticae y el de Notodohoteles, intentamos atraer a turistas ingleses y alemanes… Estamos contentos con los resultados, pero sin bajar la guardia. Ahora me preocupa el tema de los recursos humanos. En este país resulta difícil encontrar personal cualificado en hostelería, máxime en una zona retirada como esta.”

La puesta en marcha del restaurante fue clave para el negocio de los Pallarès. Con Joan al frente de los fogones, la cocina de Can Boix ha sido premiada en varios concursos gastronómicos nacionales e internacionales. “Fue un plus para el hotel, porque muchos viajeros dan más importancia a comer bien que al hotel en si. De hecho ya hay quienes vienen hasta aquí expresamente para comer y se quedan a pasar la noche”, reconoce el chef.

La clientela que frecuenta Can Boix es muy variada: familias con niños que repiten estancia en periodo de vacaciones; grupos de empresa que quieren celebrar eventos en un entorno tranquilo, asistidos por un buen servicio de catering; parejas en escapada romántica de fin de semana; grupos que vienen a hacer senderismo o trekking a la montaña...

“El paisaje y la tranquilidad los da el entorno y nosotros aportamos la profesionalidad, el trato personal y la buena cocina. Al final, el cliente es el que mejor vende un hotel y eso sólo se consigue asistiéndole bien”, concluye Joan.fin

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